Cómo aprendí a controlar mi estrés

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Les confieso que soy el ser más estresado del planeta, tanto que padecí una colitis ulcerativa debido a este estado permanente en el que mantenía a mi cuerpo.

Cuando me pasó esto y estuve hospitalizada un mes, decidí cambiar mi vida y renunciar al trabajo que tenía porque éste era muy estresante y con muchas responsabilidades, pero cuando renuncié el estrés seguía, es decir, la estresada era yo, no el cargo que tenía y a donde fuera seguiría generando en mi mente un escenario irreal de alerta constante, que mi cerebro leía como real y enviaba una señal a todo el cuerpo para que todos los órganos se prepararan porque yo estaba en huida y necesitaba correr. 

Por tanto cada que tenía un mal pensamiento o quería que todo saliera más que perfecto, mis pulmones aumentaban su actividad y aportaban más oxígeno a la sangre, el hígado liberaba todo el azúcar al torrente sanguíneo para darme energía extra, el músculo de corazón aumenta su velocidad y los órganos de la digestión se cerraban y contraían para darle toda esa sangre a mis músculos que necesitaban darla toda en esa carrera mental de ser la súper woman, porque en realidad no iba un ladrón detrás de mí, estaba mi ego exigiéndome darla toda para quedar siempre como la mejor.


Y entonces luego entendí todo… uní los puntos, y me di cuenta que tenía que hacer algo para manejar mi nivel de estrés. Los eventos externos siempre estarían ahí, la que tenía que cambiar era yo frente a estos sucesos. Y entonces aprendí a:

  1. RESPIRAR: suena básico, pero lo hacemos en automático y cuando lo hacemos de manera consciente todo cambia. Cuando aparece el miedo o la angustia, lo primero que hago es parar y respirar muy profundo. Inhalo por nariz profundamente contado hasta 5, retengo contando hasta 3 y exhalo contando hasta 7, esto le envía una señal a las células de que todo está bien, que es mental y que no es necesario correr. Por tanto mi cuerpo sigue funcionando correctamente sin segregar adrenalina y cortisol.
  2. MEDITO: diariamente 10 minutos cómo mínimo. Intento hacerlo al momento de levantarme, esto me da un comienzo de día tranquilo, en paz conmigo misma y entrando en contacto con mi ser. Revisando un poco qué pensamientos llegan a mí y ejercitándome en dejarlos pasar sin engancharme con ellos. Hay días que logro observarlos los 10 minutos, hay días que 5 minutos les converso y 5 minutos los dejo ir. Es cuestión de ejercitar la mente y tener autocompasión contigo mismo. No siempre todo sale como queremos y entonces ahí hay que fluir.
  3. HO´OPONOPONO: Cuando llegan los malos pensamientos a mí repito: “Perdón por lo que hay en mí que está generando este pensamiento” y esto me permite borrar aquellas memorias creadas en mi inconsciente de mis vivencias y educación que generan esos pensamientos de estrés o miedo.

Y es aplicando estos 3 sencillos hábitos que hoy mi cuerpo siente menos mis episodios de estrés, los recibe de menor manera y ya no me enfermo tanto como antes. El estrés al cerrar la digestión, afecta el sistema inmune que es producido en su gran mayoría en el intestino*. Por eso cada que tenía estrés apagaba el sistema inmunitario y le daba paso a todas las enfermedades que pasaban por mi lado. 

Como dirían en mi tierra: ¡Cógela suave! Y como diría Dory en la película Nemo: ¡Para tu tren!

*E. Ramiro-Puig, F. J. Pérez-Cano, C. Castellote, A. Franch y M. Castell El intestino: pieza clave del sistema inmunitario
Revista española de enfermedades digestivas. 2008

 

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